viernes, 25 de mayo de 2012

PARTIDOS ENDÉMICOS

Por: Fernando Tuesta Soldevilla
Fuente:
Diario La República

Se habla continuamente de la debilidad extrema de nuestros partidos políticos peruanos. Los diagnósticos son variados, pero hay coincidencia en algunos problemas que no pueden dejar de atenderse.
Un tema es el fraccionamiento partidario. En el Perú el número de partidos ha crecido sin aumentar la mejora en la calidad de la representación. Cuando un sistema tiene un número alto de partidos (arriba de 5 partidos), la dificultad y la posibilidad de crear mayorías, disminuye. En el actual parlamento, por ejemplo, si bien tan solo seis partidos políticos lograron superar el umbral de representación, debido a las alianzas electorales, el número asciende a catorce. Esto tiene un impacto negativo en la conformación de la Mesa Directiva, la Agenda Legislativa, las comisiones ordinarias, así como producir las leyes más importantes, labor que se hace muy complicada, pues son muchos partidos quienes forman parte de la negociación.
Un segundo problema es la debilidad organizativa. Los partidos políticos tienen serios problemas para ganar nuevos miembros y mantener los propios. En los últimos años se observa una deserción de sus cuadros y la organización política no ofrece incentivos para comprometerse políticamente. El número de afiliados crece en época de elecciones, pero decrece claramente fuera de esta época. Los partidos se vuelven básicamente maquinarias electorales, pero débiles. Esto remite a un serio problema de la economía de los partidos, quienes se reducen y dependen de su bancada parlamentaria, regional o municipal.
Al bajo nivel organizativo se le suman los incentivos personales de carácter electoral. El voto preferencial hace sentir al congresista que el poder delegado no se lo debe al partido, sino a su relación con el elector. Ese nivel de autonomía, produce una resistencia a seguir las normas partidarias y la cohesión se ve resentida en la propia vida de la bancada parlamentaria. En los nuevos partidos la situación es aún más severa, pues muchos se inscriben sin una organización previa, sino con un núcleo reducido de miembros alrededor del fundador, en una inscripción legal que reposa en adhesiones (firmas) y no tanto centrada en afiliaciones (militantes).

Un cuarto tema es la distancia de la representación nacional y sub nacional. Si los partidos políticos integran los diversos intereses, su radio de acción debe ser nacional y sub nacional. Sin embargo, en nuestro país los partidos nacionales, que tienen la totalidad de la representación en el Congreso, cuando compiten en elecciones regionales y municipales solo consiguen 1 de cada 5 votos a manos de las organizaciones de alcance regional (departamental). Sin embargo, son muy pocas las organizaciones, de este nivel que, a su vez, ganan las elecciones en la provincia capital del departamento. En consecuencia, estamos delante de un nivel de representación con compartimentos y no interconectados. Es decir, el mapa de la representación política muestra partidos nacionales con raíces cortas y representación sub nacional altamente atomizada.
Finalmente, si bien los partidos políticos producen líderes que encabezan los diversos proyectos políticos, es claro que una organización que no trasciende a sus fundadores, es una organización que depende exclusivamente de ellos. Pero si la organización, además, crea normas y prácticas en las que las decisiones las toma una sola persona, estamos delante de una organización que difícilmente podrá cumplir adecuadamente las funciones propias de los partidos políticos. Esto se podrá ver claramente en el manejo de la democracia interna de la organización. Por eso, en nuestro país hemos visto transitar un sinnúmero de partidos políticos que han aparecido y desaparecido en corto tiempo, porque dependen de los avatares de su líder y fundador.
Es obvio que enfrentar estos problemas, que parecen endémicos, no es tarea sencilla. Modificar la ley de partidos políticos y leyes electorales no soluciona por si solo estos problemas. Pero no hacerlo puede ser peor, salvo que se crea, como muchas veces en el Perú, que los problemas se resuelven solos.

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