martes, 24 de julio de 2012

Castilla, el sistema y el antisistema

Por: Eduardo González Viaña

Cuando el joven teniente Ramón Castilla se acercaba al cuartel general de los patriotas en Huaura, el amigo que lo acompañaba en el otro caballo le pidió detenerse.
-Hasta aquí nada más llegamos, Ramón. Lo que vas a hacer es absurdo. Vas a incorporarte al ejército de San Martín. Vas a convertirte en un traidor a la patria. Te pido que reflexiones.
El teniente Castilla no contestó.
-Eres un teniente del ejército realista. Llevas casi 10 años peleando en la causa del rey. Tus compañeros te respetamos porque eres un héroe. Si continúas con nosotros, España te cubrirá de honores. Si te vas con los insurgentes, nadie podrá salvarte de un destino funesto.
Castilla continuó silencioso.
-Si crees que las pocas victorias de San Martín le garantizan el éxito final, te equivocas. El ejército del rey está intacto en la sierra. En el momento preciso, acabará con los traidores. Los hará polvo. Recuerda lo que le ocurrió a ese indio, Túpac Amaru, despedazado por antipatriota. Recuerda que las cárceles están repletas de esos terroristas antipatriotas. A la corta o a la larga, el sistema volverá a imponerse.
No le habló del “antisistema” porque esa palabra todavía no se había inventado, pero seguro que le habló del sistema. Por entonces, el “sistema” consistía en someter el país y sus habitantes a la voluntad omnímoda de Fernando VII. El “antisistema” consistiría en levantarse contra el sátrapa Borbón y unirse con todos los pueblos del continente en la búsqueda de la independencia.
Casi dos siglos después, satanizarían el “antisistema” y endiosarían al “sistema” algunos gobernantes, Fujimori y García entre ellos, dispuestos a sacrificarlo todo -la soberanía del país, el bienestar popular, los derechos humanos, la pureza de los ríos y de los aires- en el altar del capitalismo caníbal y de la supuestamente divina inversión extranjera.

SOLDADO A LOS 15 AÑOS
Nacido en 1797 en Tarapacá, Castilla se enroló cuando apenas contaba 15 años en el ejército realista. De esa forma, participó activamente en las campañas militares contra los patriotas Chilenos.

A los veinte años, como oficial de escolta del Brigadier español Casimiro Marcó del Pont, cayó prisionero con él tras la Batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817. Prisionero luego de los patriotas en Buenos Aires, podría haberse quedado allí a gozar de una especie de destierro. Sin embargo, escapó de la prisión junto a otro preso realista. Se supone que pasó unos meses entre la capital Argentina y Montevideo. Pero no se sentía tranquilo. Su deber era continuar en la lucha. De Montevideo pasó a Río de Janeiro y, allí, frente a un mapa de la Amazonía, planeó el cruce a pie del bosque más enmarañado del mundo. Si no hubiera más que contarse de él, esa sola hazaña bastaría para justificar su vida.
Después de meses de caminatas, atravesó las selvas del Mato Grosso hasta alcanzar Santa Cruz de la Sierra en la actual Bolivia.
El sendero lo llevaría por territorios salvajes y regiones inexploradas por el hombre de flora y fauna desconcertantes, pero nada lo detuvo. Tenía que continuar su camino para llegar hasta el Perú donde como buen militar tendría que reintegrarse al ejército realista.
EL CAMBIO
¿En qué momento de su largo camino, Ramón Castilla tomó la decisión de asumir la causa de la independencia de América como suya? … Alguien dice que tal vez esto ocurrió cuando navegaba en una solitaria canoa sobre el Amazonas. Allí se produce el fenómeno de la “podoroca”, una marejada que avanza con un rugido de intensidad crujiente a unos 30 kilómetros por hora y forma una pared de agua de varios metros de altura. Esa experiencia de vida y de muerte sobre el poderoso río fue tal vez para él como lo había sido para San Pablo el camino de Damasco.

Otros señalan que en las logias masónicas de Buenos Aires y Montevideo, los “hermanos” le enseñaron que un hombre libre y de buenas costumbres debe empeñar su vida en la conquista de La Libertad y la justicia.

Lo que sabemos es que cuando llega al Perú, el joven soldado realista que había sido preso en 1817 tiene tres años más y muchos más de experiencia. Se encaminará hasta los cuarteles realistas, pero allí mismo sentirá que aquello no es suyo. La tierra, su tierra, América lo ha convencido de que no es un español.
Luego del breve diálogo cerca de Huaura, Castilla se despidió de su amigo y, a galope lento, se encaminó hacia el cuartel del general San Martín. El tiempo se repite, y hay un momento en la vida en que hay que desechar los conceptos interesados de “sistema y antisistema” y definirse con sinceridad. No tenemos rostro en ese momento; solamente historia.

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