viernes, 15 de febrero de 2013

El amor, más allá de un día

Por: César Lévano
cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

Se celebra hoy el día del amor y la amistad. Son dos sentimientos distintos, pero afines. Ambos se hallan en crisis en el mundo.
San Valentín es el símbolo de la fecha. Su mérito reside en que, siendo sacerdote, se opuso, en el siglo III, a la orden del emperador Claudio II, quien suprimió el matrimonio entre jóvenes, pues creía que los solteros eran mejores soldados. Claudio ordenó que encarcelaran al cura rebelde. Según la leyenda, Valentín otorgó la vista a la joven Julia, hija de su carcelero, ciega de nacimiento. Al final el emperador hizo que apresaran y ejecutaran al sacerdote, quien murió el 14 de febrero del año 270.
Julia, en agradecimiento al santo, plantó un almendro, cuyas flores rosadas se han convertido en signo del amor y la amistad duraderos. De ahí proviene la costumbre actual de ofrendar rosas a las personas queridas.
El sentimiento del amor es uno de los más hondos y nobles del ser humano. Por eso ha contribuido a mejorar la vida y las costumbres de las sociedades.
La poesía ha sido, en todos los tiempos, en todas las culturas, vehículo del amor. Una de las expresiones más altas en Occidente es la volcada en La elegía de Marienbad, de Johann Wolfgang von Goethe. El escritor vienés Stefan Zweig coloca el instante de esa creación lírica como uno de los momentos estelares de la humanidad: el septuagenario Goethe cantando el adiós a la bella adolescente Ulrike von Lebetzow. El bardo, “amado de los dioses”, como el mismo se definió, elevó el dolor del amor a una altura que toca la esencia de lo humano.
No parecen tener razón quienes aseguran que Ulrike rechazó a Goethe en el balneario de Marienbad. En la novena estrofa de la Elegía se lee: “Un beso más posó sobre mis labios: / A fuego está esta imagen de mi amada / En mi fiel corazón siempre grabada”.
En América Latina, tierra sentimental, hemos tenido grandes poetas del amor –algunos en el pentagrama de la canción–, cuya cúspide es Pablo Neruda. Por algo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada acompaña siempre a muchachos y muchachas.
En general, el siglo XX produjo grandes poetas del amor y el sufrimiento: los rusos Alexander Blok y Anna Ajmátova; los franceses Paul Éluard y Robert Desnos, entre muchos otros.
Desnos publicó en 1926 el poemario À la Mystérieuse, que contiene el poema “Tanto soñé contigo”. (“Tanto soñé contigo que sin duda ya no tengo tiempo para despertar”).
Antonin Artaud escribió sobre esos versos:
“Este sentimiento de un amor imposible cava el mundo en sus fundamentos y lo obliga a salir de sí mismo… Este dolor de un deseo insatisfecho amasa toda la idea del amor con sus límites y sus fibras, y lo confronta con lo absoluto del Espacio y el Tiempo”.
“Amor contra el espacio y contra el tiempo”, había escrito Vallejo. Sed de eternidad, contradicción de la muerte.

0 comentarios: