lunes, 25 de marzo de 2013

Pero la ciudad perdió

Por: Jorge Bruce

Muchos se han dedicado estos días a hacer el balance de ganadores y perdedores del proceso de revocatoria municipal limeño. Está claro que Susana Villarán y Lourdes Flores, como lo prueba la encuesta de GfK publicada por La República, han salido fortalecidas.
Lo cual es una buena noticia, porque ambas representan un estilo de hacer política apartado del cinismo de buena parte de sus colegas. De modo que el triunfo del NO, en lo que respecta a la alcaldesa, no deja lugar a dudas respecto de la derrota de los revocadores que pretendían tomar la alcaldía por la puerta falsa. Pero, al quedarse desprovista de la mayoría de sus regidores, la principal perdedora no es Susana Villarán sino la ciudad de Lima.
Ahora tendremos regidores inexpertos hasta noviembre, cuando será preciso realizar nuevas y costosas elecciones, de resultado imprevisible a tantos meses. Este es el producto de una ley pésimamente mal hecha, aprovechada por personajes inescrupulosos, cuya catadura ha quedado en evidencia. Lo cual constituye un beneficio subalterno para el electorado –conocer mejor a quienes dicen preocuparse por los asuntos de la comuna, cuando en realidad solo les interesan sus fondos y procesos judiciales– pero no trae provecho alguno a la capital.
Por el contrario. Al desperdiciarse todo lo aprendido en estos años iniciales por el conjunto de regidores encabezados por Eduardo Zegarra y Marisa Glave, se le hace un daño tremendo al funcionamiento del Concejo y, de relancina, a las obras que tanta falta hacen para mejorar la calidad de vida de los limeños. Esta es una factura inconmensurable que deberíamos tener todos en mente en las próximas elecciones. Porque Lima no va a parar, pero definitivamente se va a ralentizar. Uno de los obstáculos más arduos de nuestra política es la falta de preparación de quienes se lanzan a esta. Hasta los propios presidentes de la República son, a menudo, unos improvisados. La experiencia municipal es un excelente inicio para quien pretenda hacer carrera en ese campo tan desprestigiado de nuestra vida social.
Por eso interrumpir ese proceso por el afán de lucro y la urgencia de tapar sus latrocinios de un conjunto de fascinerosos perjudica de un modo terrible a nuestra urbe. Saca a los que ya estaban empapados del funcionamiento de la comuna, que deberán ser reemplazados dos veces en dos años: un tremendo despropósito. Solo esto sería razón suficiente para reformar esa ley fujimorista.
Por supuesto que de nada sirve llorar sobre la leche derramada: el daño está hecho y toca controlarlo.
Pero lo que no podemos dejar de hacer es aprender de esta experiencia tan onerosa como inútil. Ni siquiera se ha expresado de manera clara la voluntad popular en lo que respecta a los regidores. Varios expertos han concluido que la conformación de una cédula y unos métodos de votación de otro siglo han sido decisivos en el resultado. Pedro Francke ha observado que los dos regidores de Fuerza Social que al parecer no serán revocados se encontraban en el lado derecho de la sábana de votación.

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