viernes, 30 de agosto de 2013

Barbarie bien remunerada

Por: Guillermo Giacosa

Competir a muerte parece ser una consigna que se torna en realidad. Cuenta la BBC que lo fue al menos para Moritz Erhardt, de 21 años, quien había conseguido una pasantía de siete semanas en una de las instituciones más prestigiosas del centro financiero de Londres. Antes de finalizar su periodo de prácticas fue hallado muerto en la residencia para becarios. 
El diario The Independent señala que Erhardt trabajó prácticamente sin parar tres jornadas consecutivas, durmiendo apenas nueve horas sobre un total de 72. El periódico afirma que el joven se desplomó en su domicilio luego de finalizar tres jornadas, trabajando 21 horas cada día. 
Su muerte generó un intenso debate en prensa y redes sociales sobre las jornadas exigidas a los becarios en los bancos de inversión de la ‘City’ londinense. 
Un becario dijo: “Ves a gente con los ojos vidriosos y bebiendo cafeína para aguantar, pero nadie se queja porque las recompensas potenciales son enormes. Competimos por trabajos muy bien pagados”. Erhardt percibía un salario mensual de US$3,000. 
Trabajaba en un sistema conocido como ‘calesita’, donde, al final del turno, el empleado es llevado a casa por un taxi que espera mientras él se ducha y se cambia para regresarlo a fin de que inicie otra jornada. 
No hace falta una observación demasiado enjundiosa para comprender lo que señalan algunos conocedores: “En un mercado laboral cada vez más duro, la competencia es aún mayor, por lo que estos jóvenes talentosos y diligentes están dispuestos a trabajar en horarios que otros empleados no aceptarían”. 
Un grupo de asesoramiento laboral condenó la cultura de horas interminables de la ‘City’: “Los jóvenes llegan fascinados a sus pasantías y acaban relatando que fueron los peores tres meses de sus vidas”.

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