jueves, 22 de agosto de 2013

La CONFIEF y las vacas gordas y flacas

Por: Segundo Llanos Horna

La CONFIEF -institución representativa del empresariado no estatal- ha difundido un manifiesto afirmando que el Perú, en los últimos 20 años, ha desarrollado su economía, disminuido la pobreza y reducido la desigualdad social “gracias a que el Estado y el sector privado hemos trabajado juntos, con un mismo horizonte”. Considera, asimismo, que “el desempeño de la economía global se convierte en un factor de incertidumbre que requiere de mayor trabajo y unidad de todos los peruanos” y que, por lo tanto, “resulta indispensable fortalecer la alianza por la inversión entre el sector público y el sector privado para seguir promoviendo las nuevas inversiones y acelerar las actuales, generando mayor crecimiento y más y mejores empleos, en beneficio del Perú”.
No es mera coincidencia que este “Compromiso por el Perú”, se haya producido inmediatamente después que el presidente Ollanta Humala reconociera que la crisis del neoliberalismo “ya llegó al Perú y hemos sentido un bajón” y el ministro de economía, Miguel Castilla, morigerando la tímida convicción del jefe del Estado y contradiciendo al expresidente Alan García, expresara que “estamos entrando a un nuevo estadio de vacas menos gordas y de vacas más flacas”. García, siempre listo a aprovechar la coyuntura, había enfilado contra su sucesor enrostrándole que “no es la crisis externa, sino dos años de indecisiones y demoras en los que se perdió el tiempo destruyendo lo anterior”.
La réplica mediática del jefe del Estado fue: “Lo que yo he señalado es que ya llegó la crisis, pero tenemos una economía sólida que nos permite generar confianza y tener la esperanza de que vamos a salir adelante”. Obviamente, desde el fujimorismo, reforzando la tesis alanista, se responsabilizó directamente al gobierno actual precisamente “por generar desconfianza y deprimir aún más nuestra economía”.
El público compromiso de la CONFIEP –en nombre de los micro, pequeños, medianos y grandes empresarios- está condicionado a facilitar la inversión privada, previa simplificación de los trámites burocráticos en ámbitos claves como la infraestructura, recursos naturales, industria, agricultura, energía y comercio. Ofrece, como complemento, contribuir a mejorar la salud, la educación y la seguridad públicas, para no perder la oportunidad de dejarle a nuestros hijos un país en el umbral del mundo desarrollado. Paradójicamente, el gobierno y la CONFIEP, que nos estaban persuadiendo de que ya estamos y somos paradigmas en ese mundo, esta vez no están guardando su, hasta hace poco, nítida coherencia.
No extraña que la poderosa organización empresarial no incluya en este “Compromiso por el Perú” la protección de nuestros recursos naturales y, en particular, de aquellos no renovables en esta hora dramática de la tribu planetaria. Tampoco las demandas de descentralización fiscal que, en este momento, está formulando al Poder Ejecutivo la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales para tratar sobre la reducción del canon minero.
En este marco, la convocatoria –por el gobierno- al diálogo sobre la política y economía, recibida con patriótico interés y predisposición para diseñar la genuina agenda nacional, por las agrupaciones partidarias y organizaciones de la sociedad civil realmente representativas, como es el caso de la CONFIEP, mucho tienen que ver la pérdida de popularidad del mandatario en ejercicio y, por supuesto, el clima electoral.

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