viernes, 27 de septiembre de 2013

Discurso para pensar

Por: César Lévano 

El miércoles escuché el discurso que José Mujica, presidente de Uruguay, pronunció ante la Asamblea General de la ONU. Es una pieza rica en pensamiento y plena de emoción y belleza. Es de esos documentos que nos recuerdan que la palabra humana puede servir para algo más que interrumpir el silencio o enunciar lugares comunes. 
No contiene propuestas, sino ideas, visiones, esperanza. Documentos como ese pueden alimentar acciones. Dos pensamientos acudieron a mí, al escuchar a Mujica. Uno es de José Martí, el héroe de Cuba: “Trinchera de ideas es más poderosa que trinchera de piedra”. Corresponde la otra a Salvador Allende, el presidente mártir de Chile: “Vale la pena morir por aquello sin lo cual no vale la pena vivir”. 
Mujica postula una crítica severa al sistema del abuso, la injusticia, el consumismo que nos gobierna. 
Parte de una evocación de sus tiempos de luchador armado. “Mi historia personal: la de un muchacho que como otros quiso cambiar su época y su mundo”. Hubo tiempo en que Uruguay era llamado la Suiza de América, por su democracia, su cultura, su sentido de la justicia social. 
Cuando yo tenía 15 años, el patriarca textil Antonio Patrón, gran compañero de lucha de mi padre, me dijo: “Cuando era joven, mi sueño era viajar a Uruguay, donde el presidente Battle y Ordóñez había establecido la jornada de ocho horas”. Esa democracia fue arrasada por una dictadura que persiguió, mató y desterró a miles de uruguayos. 
Gabriel García Márquez, al recibir el Premio Nobel de Literatura, denunció el éxodo masivo de ese pequeño país ilustre. Días atrás, en una clase en San Marcos, expuse que desde mi adolescencia he denunciado los crímenes del imperialismo en su codicia por dominar el mundo; pero más de una vez he escrito que algún día las grandes potencias comprenderán que se puede invertir y ganar dinero, respetando la soberanía y los derechos de los pueblos. 
Por eso comulgo con la opinión de Mujica respecto a que las instituciones mundiales y las grandes potencias “cercenan a la historia el germen de un acuerdo mundial para la paz”. “Cada minuto”, precisa el presidente de Uruguay, “se gastan dos millones de dólares de presupuestos militares en el mundo”, mientras la investigación médica solo emplea una quinta parte de esa cantidad. 
El discurso concluye con un gran final optimista: “Es posible arrancar la indigencia del mundo y marchar a la estabilidad, es posible que el futuro lleve la vida a la galaxia, y el hombre, animal conquistador, continúe con su inclinación antropológica, pero… Necesitará gobernarse como especie o sucumbirá”.

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