lunes, 11 de noviembre de 2013

Nuestro principal fracaso

Por: Jorge Bruce
El sainete de la entrevista a Fujimori, con Gagó y Kenji bloqueando la puerta del tópico del INPE para que no salga la enfermera, mientras el reo se despachaba por teléfono con RPP, sería tan solo grotesco si no tuviera como telón de fondo tanta tragedia. Lo mismo puede decirse de la pésima puesta en escena del enfermo imaginario, en el tribunal que lo juzga por el caso de los diarios chicha. 
Es necesario recordarlo una y otra vez, porque a fuerza de reírnos de la ignorancia anatómica de Kenji (quien confunde el útero con el clítoris) o asombrarnos de la exaltada capacidad de negar la realidad de Martha Chávez, extraviada entre el fanatismo y la pulsión de muerte, corremos el riesgo de perder de vista lo que significó ese régimen para la historia del Perú. Esto es preciso tenerlo en cuenta, porque la memoria histórica es esencial en el proceso de construcción de la democracia. 
Si Keiko Fujimori lo entendiera, haría un esfuerzo para reconocer el daño terrible que el gobierno de su padre y Montesinos causaron a personas e instituciones, llevando la corrupción a unos niveles inéditos hasta para un país tan habituado a ese “pan sucio”, como lo acaba de llamar el sorprendente papa Francisco. “Hemos fracasado en ciertos puntos esenciales, particularmente en lo que respecta a la creación de una administración pública profesional e independiente. No hemos sabido instalar estructuras capaces de controlar la acción política de manera eficaz, no hemos sabido crear contrapoderes. 
Nuestro sistema es una farsa porque no hemos sabido inculcar un verdadero sentido crítico a nuestra opinión pública. Ese es nuestro principal fracaso”.  
Quien esto escribe no es politólogo ni peruano: es el escritor español Antonio Muñoz Molina, pero sus palabras, referidas a un reciente ensayo suyo titulado “Todo lo que era sólido”, nos calzan como anillo al dedo. Tampoco nosotros hemos practicado ninguna pedagogía de la democracia. 
Continuamos sugestionándonos con el arrullo del crecimiento económico, sin ver que lo que está sucediendo en países muchísimo más desarrollados, y a los que tanto nos vincula, como esta España ensimismada y hoy caída en desgracia, nos puede ocurrir en un futuro cercano. Es por eso, y no por un ánimo vengativo contra un gobernante ya condenado por crímenes de lesa humanidad, que no debemos tomar a la ligera estas burlas al veredicto que el Poder Judicial emitió en nuestro nombre. 
La pedagogía democrática aludida por el autor de Sefarad, es la única garantía contra la recaída en la patología autoritaria. El incidente detonado por la elección de Martha Chávez en el cargo más inapropiado posible, tratándose de una persona que siempre ha reivindicado los crímenes de Estado, so pretexto de la lucha contra el terrorismo, no debe ser analizado con la sorna que evocan los personajes estrafalarios. Tras los insultos a las víctimas y las muecas paranoicas, se agazapan los fantasmas que ayer nomás se apoderaron de una sociedad hastiada y dispuesta a creerse las mismas mentiras que hoy insisten en inocularnos.

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