viernes, 13 de diciembre de 2013

Dictadura partidaria y voto preferencial

Por: Sigifredo Orbegozo
Como en el unicameralismo y el bicameralismo hay opiniones que solo reflejan desconocimiento del problema, ideas elaboradas sobre apariencias sin mayor fundamento, así también en el tema del voto preferencial ocurre lo mismo.
Para tener una idea más o menos clara del problema, habría que preguntarse: ¿por qué surgió el voto preferencial? ¿Cuál fue la causa? La historia solo se remonta a las elecciones de la Constituyente de 1978. Las corrientes supérstites del Gobierno Revolucionario de Velasco, en su afán de que la expresión de la Asamblea fuera la más democrática, repararon en un vicio que criticaron en favor de la revolución. Este era el que los líderes de los partidos políticos, prácticamente hacían y deshacían al margen de la voluntad de las masas partidarias. Pactaban – no solo dialogaban – con el gobierno y otros partidos y grupos económicos, aun contra la opinión de sus partidarios.
Concretamente, para la nominación de candidatos a parlamentarios en algunos partidos se realizaban “comicios internos”, lo que obviamente significaba que los militantes elegían a quienes deberían ser sus candidatos. Sin embargo, ¿qué ocurría? En partidos de organización vertical como el APRA, los comicios internos no pasaban de ser una pantomima, pues el gran el elector, el que decidía quién iba y quién no, era el Jefe: Sr. Haya de la Torre. Su voluntad no admitía discusión, era inapelable. A los “desembarcados” no les quedaba más que la resignación. Allí surgieron no pocos desencantos y rebeldías. Lo sabemos muy bien quienes vivimos esas épocas. Muerto el maestro, el discípulo más aprovechado, Alan García, fue la lección que mejor aprendió y aplicó. En La Libertad se recuerda muchas anécdotas ilustrativas de “compañeros” que fueron vapuleados en las bases y luego aparecían encabezando la lista.
Pues bien, entonces para evitar esta dictadura de los jefes o de las cúpulas partidarias, se trató de devolver a las masas militantes la potestad de elegir a sus candidatos preferidos se estableció el voto preferencial. Que esta solución haya traído algunos problemas como la de generar una competencia intrapartidaria o que los que tuvieran más dinero pudieran hacerse una mejor propaganda en desmedro de los más capaces y honestos, es cierto, pero de allí a pretender que todos los males de este deplorable congreso que tenemos se deba al voto preferencial de modo que si lo eliminamos tendríamos un congreso ejemplar, bueno es otra fantasía que no admite el menor análisis.
Entonces ¿qué hacer? ¿Volver a la dictadura de las cúpulas partidarias usurpadoras de la voluntad de sus militantes? Nos parece que sería retroceder. Además eso no resuelve el “transfuguismo” como creen algunos. (En otra oportunidad veremos este fenómeno) Volviendo al punto, consideramos que si se elimina el voto preferencial cuyo objetivo ha sido señalado, la intervención de la ONPE como fiscalizadora de la autenticidad de los comicios internos garantizaría la limpieza de ellos y evitaría arbitrarias intervenciones de las cúpulas partidarias. Cúpulas que algunas se aferran a los cargos dirigenciales cerrando el paso a nuevas generaciones.

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