martes, 25 de junio de 2013

Violencia contra la mujer

Por: Guillermo Giacosa

Los datos sobre la violencia contra la mujer son cada vez más aterradores. Quizá la velocidad en las comunicaciones y la multiplicación de los medios nos haga ver lo que antes nos era invisible.
Sea cual fuere la respuesta, el hecho de ser conscientes de ello obliga a una actitud más militante en el conjunto de la población.
No digo solo en las autoridades, subrayo: en el conjunto de la población. Crear redes de protección a escala barrial es indispensable y quizá la manera más efectiva de prevenir esta aberración. Lea algunas cifras y juzgue. Un estudio de la OMS indica que, a nivel mundial, el 38% de las mujeres asesinadas murieron a manos de sus parejas, y el 42% de las mujeres que han experimentado violencia física o sexual por parte de su pareja resultaron lesionadas. Subraya además que la violencia conyugal contribuye de manera importante a los problemas de salud mental de las mujeres, en tanto las mujeres que han sufrido violencia de pareja tienen casi el doble de probabilidades de sufrir depresión en comparación con las que no la padecieron. El consumo de alcohol incrementa la posibilidad de conflicto. Otro dato señala que las mujeres que sufren violencia física y/o sexual de sus parejas tienen 1.5 veces más probabilidades de contraer sífilis, clamidia o gonorrea. En algunas regiones tienen 1.5 veces más probabilidades de contraer el VIH. Finalmente, tanto la violencia de pareja como la violencia sexual de personas que no son pareja se asocian con el embarazo no deseado. Según el informe, las mujeres que sufren violencia física y/o sexual de sus parejas tienen el doble de probabilidades de tener un aborto que las mujeres que no sufren este tipo de violencia, y los niños producto de este contexto tienen un 16% más de probabilidades de nacer con bajo peso.

jueves, 20 de junio de 2013

Reflexiones sobre el errepepum

Por: Guillermo Giacosa

RPP es, de algún modo, la música de fondo del país. Su melodía gusta o disgusta y, a veces, las dos cosas al mismo tiempo. Logró posicionarse en una situación de privilegio que la convierte en actor relevante y, por tanto, responsable, de lo que acontece por estas tierras.
Como todos los medios, pero un poco más y con otro plus: la velocidad del mensaje radial y la eficiencia con la que siempre –en ese campo– ha actuado esta emisora. Su anuncio, efectuado después de un temblor de 5.1 de magnitud, revelando cambios, que incluyen despidos en todo su personal, tuvo una repercusión inmediata en las redes sociales. Fue como un ‘errepepum’ que conmovió a quienes ven en la comunicación un factor determinante en el manejo del poder. Un factor que, en la actualidad, con partidos políticos frágiles e instituciones del Estado cuyo prestigio mengua constantemente, se ha convertido en el líder visible y real de los distintos intereses y orientaciones presentes en el quehacer cotidiano. Los medios sustituyen con sus opiniones las carencias mostradas por quienes, teóricamente, manejan o disputan el poder político e influyen, además, sobre los tres poderes del Estado y sobre el imaginario y la conducta de gran parte de la población. Es increíble la velocidad con la que se puede crear héroes o antihéroes en una sociedad que consume vorazmente interpretaciones de la realidad cuya superficialidad estremece.
Por ello, la responsabilidad en el manejo de la información se ha convertido, desde la perspectiva ética, en la variante fundamental a tener en cuenta cuando evaluamos la información recibida. Que este ‘errepepum’ sirva para reflexionar sobre las responsabilidades de los distintos actores sociales y para acentuar el valor de una democracia con justicia social.

miércoles, 12 de junio de 2013

Crédito Social por la Libertad

Por: Eduardo Ferreyros

El Perú vive hoy una expansión económica al punto tal que, según el BID, el 70% de la población pertenece hoy a la clase media. Esta verdadera ‘Gran Transformación’ de nuestro país es resultado de políticas correctas aplicadas por años.
Ese bienestar propicia un mayor sentido del emprendedurismo y un estallido de jóvenes motivados a iniciar negocios. Ellos solo necesitan que el Estado no ponga trabas en su camino, pero ya les puso una más, y grande: el servicio militar voluntario (léase obligatorio para los pobres).
Con el sorteo del 19 de junio, el Estado obligará a jóvenes con proyectos de vida a cambiar sus planes y acatar un enclaustramiento militar, salvo que tengan S/.1,850 para comprar su libertad. La banca comercial debería crear un nuevo producto: el ‘Crédito Social por la Libertad’ y otorgar a los jóvenes que no quieren ir al servicio militar un microcrédito para seguir con sus proyectos y colaborar con el crecimiento del país.

viernes, 7 de junio de 2013

Servicio militar: obligatoriamente voluntario

Por: Santiago Pedraglio

La Defensoría del Pueblo ha cuestionado y solicitado al Congreso que modifique, con justa razón, los artículos del Decreto Legislativo 1146 que quiebran el carácter voluntario del servicio militar. Estos son el 23, que restringe la identificación por el Reniec, y el 50, que autoriza, como señala la Defensoría, “un sorteo para cubrir las vacantes de personal de tropa de las Fuerzas Armadas”. 
El argumento de que no se cubren las vacantes debe llevar a los institutos castrenses y al Ministerio de Defensa a analizar por qué los jóvenes peruanos se resisten a inscribirse. No es un asunto tan difícil de conocer, y la salida, ciertamente, no es volver a convertir el servicio militar en obligatorio, sino corregir las causas que dificultan su naturaleza voluntaria. 
El carácter discriminatorio del decreto reside en que se volverán a aplicar los sorteos y se exonerará a los que paguen una multa; pero en el origen de la discriminación está la anulación del carácter voluntario. Queda claro: es imprescindible que se instalen verdaderos incentivos para que los jóvenes quieran ir al servicio militar. 
Esto significa mejorar la remuneración (que debe equivaler por lo menos a un salario mínimo), garantizar la vestimenta y los útiles de aseo, proporcionar una adecuada atención de salud, así como alimentos apropiados, y dar facilidades para estudiar y capacitarse técnicamente, con una certificación del Ministerio de Educación. 
Otro punto imprescindible es garantizar un trato personal digno y respetuoso. El soldado, aunque esté regido por una disciplina castrense, no pierde su carácter ciudadano. 
El servicio militar no es –no debe ser– un reformatorio, como algunos lo quieren ver; tampoco un lugar para “disciplinar” maltratando física o psicológicamente a los jóvenes. 
Parte de todo este asunto, finalmente, es no olvidar que las Fuerzas Armadas en nuestro país tienen un gran reto que no es nuevo: su profesionalización.