lunes, 28 de octubre de 2013

La batalla de Felipe

Por: Eduardo González Viaña 
Un poco antes de lanzarse a la lucha armada, Luis Felipe de la Puente Uceda, líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, convocó en la plaza San Martín de Lima a un mitin en el que llamaba a fundirse en una gran unidad popular a todos los hombres y partidos que aspiraran al cambio socialista en el Perú. Era febrero de 1964 y fue escuchado por unas 50 mil personas. 
Todo era asombroso en esa reunión. Lo era, en primer lugar, la multitudinaria concurrencia que acogía a un líder llegado de Trujillo y sin una presencia partidaria en la capital del país. Se podían reconocer allí los cartelones de sectores apristas que añoraban la mística y la historia gloriosa de ese partido, y que sentían que De la Puente, expulsado de aquél, las encarnaba.  
Causaba asombro la claridad del orador. Hablaba de hacer la revolución desde un tabladillo situado a unas seis cuadras de la Casa de Gobierno. Era presidente Fernando Belaúnde Terry. En las elecciones, el arquitecto había prometido resolver en 90 días el problema de La Brea y Pariñas (la explotación ilegítima de nuestro petróleo por una empresa transnacional). 
Novecientos días más tarde, al inquilino de Palacio de Gobierno le incomodaba que le hicieran recordar esa promesa. En París, Gilbert Bécaud compuso una canción llamada "Nathalie” que narraba los amores de un turista francés en Moscú con una muchacha soviética. La traducción en castellano fue prohibida en el Perú. Por su parte, los cines no podían proyectar “Morir en Madrid” ni "El acorazado Potemkin”. 
Los jóvenes se despertaban en la madrugada para escuchar, en forma clandestina, las transmisiones de radio Habana. Usar barbas era sospechoso. También lo era hablar en francés. En esa época, Charles De Gaulle lideraba una tendencia destinada a superar la antinomia bipolar de la guerra fría. Cuando llegó de visita al Perú, el presidente se sintió obligado a declarar en público que estimaba a Francia, pero que mantenía un vínculo indesligable con los Estados Unidos. 
Además de que el Perú recibía un alquiler exiguo por sus pozos petroleros, la situación en el campo no había variado desde las épocas feudales. Patrones de horca y cuchillo se hacían pasear en andas por sus indios. En esas condiciones, el pueblo y sobre todo los jóvenes estaban decepcionados de sus partidos, y aspiraban a un cambio revolucionario como el que se acababa de producir en Cuba. 
El hombre del mitin de 1964 no logró formar la unidad de izquierdas a la que había aspirado. Hay que entender la reticencia con que las cúpulas limeñas, la izquierda citadina, escucharon en la plaza San Martín a ese extraño provinciano que no ofrecía alcaldías y diputaciones sino puestos en el frente de combate. Lo más asombroso de todo es que De la Puente cumplió con su palabra. 
Volvió a La Libertad y entregó a los campesinos las extensas tierras que poseía por herencia. De la Puente y el MIR se levantaron en armas no contra un gobierno sino contra un sistema, contra una sociedad basada en la discriminación con una economía cuya primera dimensión era el hambre.  
Los siguieron espontáneos grupos de estudiantes y campesinos, artesanos y profesionales, cristianos y agnósticos, antiguos apristas y marxistas nuevos. Tal vez faltaron en la ciudad la organización y el apoyo. Tal vez sobraron la valentía y el amor. A casi medio siglo de su última batalla ocurrida el 23 octubre de 1965, ni Luis Felipe ni sus compañeros tienen partida de defunción ni sepultura conocida. 
Tampoco existe un parte militar que dé cuenta del hecho de armas. En vista de ello sólo tienen dos caminos que reflexionen hoy sobre el tema. El primero es olvidar que hubo una última batalla y asumir el raciocinio mítico según el cual los héroes no mueren jamás. La otra forma de ver este asunto es inferir que esa batalla no ha terminado todavía.

viernes, 25 de octubre de 2013

Mi elección me importa más que tu generación

Por: Oswaldo de Rivero 

Por todo el mundo los políticos se dedican a mantenerse en el poder desinteresándose de las futuras generaciones. En Estados Unidos la clase política, por miedo a perder en las elecciones parlamentarias de noviembre, impide, faltando horas, la cesación de pagos de la deuda externa. Mientras tanto, el desempleo azota a los jóvenes estadounidenses. 
Muchos de ellos se endeudan para poder seguir estudios universitarios, pero cuando se gradúan, no tiene tampoco empleo. En la Unión Europea los políticos, para mantener el poder satisfacen a los acreedores aplicando draconianas medidas de austeridad que han incrementado el desempleo juvenil a un nivel jamás visto en Europa. En Estados Unidos y Europa la clase política se elige y reelige dejando sin futuro a toda una generación que, por primera vez, será más pobre que sus padres. 
En China, donde el pueblo no elige y la clase política es el partido comunista, este último, no hace nada importante para evitar que las futuras generaciones no sean condenadas a vivir en el país más contaminado del mundo, donde las crecientes emisiones de gases, incrementarán el recalentamiento global afectando, no solo a las futuras generaciones chinas, sino a las de todos los países. 
En el Perú, los políticos ya están preocupados por reelegirse en el 2016 y concentran toda su actividad en practicar un canibalismo político, investigándose, acusándose, recusándose sin ocuparse de los graves desafíos que enfrentarán las futuras generaciones de peruanos. De esta manera no busca solucionar la pésima distribución del ingreso, la mala calidad de la educación, de la salud y de la seguridad ciudadana. Tampoco hacen frente a los desafíos ecológicos que ponen en riesgo a las futuras generaciones, como son el deshielo de los glaciales de los Andes y la creciente falta de seguridad hídrica, alimentaria y energética del Perú. 
Los jóvenes del mundo son hoy los herederos de una crisis económica y ecológica global producida por una generación de políticos que practican un oportunismo político de corto plazo, envuelto en una ideología del siglo XX, que les hace creer que el crecimiento económico insostenible puede ser perpetuo, que el mercado se regula solo y que las futuras generaciones no existen. El resultado es un desempleo juvenil mundial del 13%, según la OIT, el más alto de la historia. 
En el Perú es, a pesar de la bonanza económica, el 18%, uno de los más altos de América Latina. Los jóvenes no pueden solo indignarse en las calles u ocupar Wall Street. Esto no es suficiente. Tienen que organizarse políticamente, en el Perú y el mundo, para defenderse de la politiquería oportunista, de corto plazo, de los actuales políticos, y confrontarlos, diciéndoles: ¡Mi generación es más importante que tu elección!

miércoles, 23 de octubre de 2013

"Voté por ti, pero no me acuerdo"

Por: Mario Saldaña C. 

Es la frase que diría al menos el 62 por ciento de los peruanos que, según la última encuesta de Ipsos Apoyo difundida el domingo último en El Comercio, han hecho uso del voto preferencial. Efectivamente, el voto preferencial es uno de los tantos males de nuestro sistema de representación (es un decir) política. Fue creado con la idea de contrapesar los dictados que las cúpulas partidarias y sus respectivos caudillos nos presentan como menú obligatorio a elegir en las listas parlamentarias. 
El caso Urtecho, que en realidad es el último de una larga y vergonzosa lista (y no solo en el Congreso) de gente que entra a medrar y a delinquir a costa del Estado, es un indicador que esta "solución" ha traído peores males, como la venta de las candidaturas al mejor postor, maquillando las mismas por supuestos criterios de "representatividad" de los "candidatos inversionistas". Lo cual lleva a pensar que si lo anterior es un dato de la realidad, la existencia de un "mercado de candidaturas políticas" es consecuencia de otra realidad: las agrupaciones necesitan levantar fondos a cualquier precio para solventar sus actividades proselitistas o de cualquier índole. Se debe eliminar el voto preferencial. El tema es por qué lo reemplazamos. 
Lo ideal es fijar un mapa de representación parlamentaria vía distritos electorales uninominales o binominales, de tal manera que la gente no solo emita su voto en forma entusiasta y que el recuerdo le dure poco, como revela el 62% aludido. Sino que yo pueda saber quién me representa y a quién tengo que exigirle cuentas de su función congresal. A la vez se obliga al parlamentario a esforzarse ante su universo de votantes. Pero eso es solo parte de la solución. La comercialización y el envilecimiento de la política tiene su razón de ser en el dinero, o como hemos dicho, en la falta de este en las agrupaciones. 
Y por eso es vital discutir el tema del financiamiento de los partidos. Bajo una reforma seria, estos deberían ser entidades públicas abiertas al escrutinio popular, regulados por el JNE, bajo un sistema de control no solo de los fondos que reciben del Estado y de los privados, sino y lo más importante, de sus procesos políticos internos, vía la ONPE: designación de autoridades, procesos electorales primarios para designar candidaturas que en buena cuenta sería la alternativa al voto preferencial, dando cabida a una abierta y libre participación ciudadana en los mismos, e incluso, hasta para los procesos de división o desaparición de las organizaciones. 
Es terrible admitir que la clase política representada en el Parlamento (dicho sea de paso, hoy el 88% de peruanos, según la aludida encuesta de Ipsos, no se siente representado en el Congreso; ¿alguien dijo 5 de abril?) no tenga la más mínima capacidad de conseguir los votos necesarios para emprender reformas que ni siquiera son un lujo o producto de disquisiciones ideológicas, sino que suponen darle viabilidad institucional al futuro democrático peruano. 
No hay mayor irresponsabilidad y falta de respeto hacia la población que, quienes teniendo la posibilidad de hacer algo (los propios grupos políticos y los parlamentarios en ejercicio) para que esa endeble y pobrísima entidad que es el Congreso no agudice aún más su crisis, no lo hagan porque el fraccionamiento de votos lo impide. Y peor es que quienes estamos afuera de la Plaza Bolívar no pasemos de ser simples testigos de un desplome, no físico aunque inminente, de esa vetusta institución.

viernes, 18 de octubre de 2013

El mundo de la corrupción

Por: Sigifredo Orbegozo
Así como hay un mundo del arte, de las ciencias, de los negocios, de la farándula, etc. también hay – qué duda cabe – el mundo de la corrupción. Como los demás, con sus normas, reglas, organizaciones y personajes. 
Más en la forma que en el contenido, se confunde con el mundo de la delincuencia. Esta supone acción desembozada, generalmente violenta, de sus actores hasta llegar al crimen. La otra es taimada, menos ostensible, se cuidan las apariencias. 
Un corrupto no asalta a mano armada pero igual roba, hurta, estafa, defrauda, valiéndose casi siempre de un cargo o situación personal que conduce a engaño. Pero como en el caso de la delincuencia, la conducta del corrupto es dolosa, es decir, deliberada. Solo a un papanatas se le puede ocurrir que un corrupto actúe por “error”. 
Un policía no cobra una coima por error, ni un juez fija el precio de una sentencia favorable por equivocación. Tampoco en las grandes o pequeñas licitaciones públicas se cobran porcentajes para favorecer a un postor por una confusión. 
Se hacen intencionadamente porque se quiere medrar, obtener una ganancia ilegal. El error supone hacer algo sin intención, equivocadamente. ¿Cómo alguien puede “mochar” el sueldo a sus empleados por error?. Por allí no faltan tampoco unos bobos sospechosos que dicen: “Cualquiera comete un error en la vida”. 
Son, sin duda, a los que les sale el inconsciente de quien quiere paliar un hecho gravemente censurable porque se siente también solidario como un miembro de la cofradía. Pues cuántos congresistas aún no denunciados que han hecho lo mismo, quisieran que “no se hagan olas”. 
Sin duda Urtecho, como él mismo sabe, no es único. Lo que torna más deplorable este escándalo, es que se haya usado para fines nefandos creencias religiosas y una condición personal que demanda respeto y caridad. 
Esta índole perversa tampoco es digna de conmiseración. Salvo para aquellos que ante delitos tan repugnantes como la pedofilia cometidos por diversas jerarquías sacerdotales, hagan exclamar al purpurado mayor: “Misericordia, no hacer leña del árbol caído”. 
Las cárceles están llenas de árboles caídos porque estaban podridos, nadie los derribó a hachazos. Esta es una forma de pretender encubrir el delito y a los delincuentes. Y esto tiene los efectos de una complicidad lamentable. 
Por eso para complacencia de todos, cristianos o no, el Papa Francisco ha hecho muy bien en trazar la línea divisoria entre la corrupción de la índole que fuera: sexual o financiera. Nada de encubrimientos vergonzosos. 
El Vaticano no puede ser un refugio ni la embajada para los perseguidos por la justicia o para usarla de base de operaciones ilegales. Hace bien en dormir en un hotel y no en la penumbra de los aposentos infranqueables del Vaticano, pues “los lobos” con los que se está enfrentando son feroces y son muchos. Uno de sus antecesores no lejano – Juan Pablo I - se olvidó tomar precauciones. Lo encontraron muerto a los 33 días de su coronación. Dios debiera proteger a Francisco.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Engranaje de la impunidad

Por: Augusto Álvarez Rodrich 

RÍO. Entre los más de 1.300 periodistas de investigación de 87 países reunidos en esta ciudad en la más amplia cita de este oficio que se recuerde –organizada por Global Investigative Journalism Network, la Asociación Brasileña de Periodistas de Investigación y el Instituto Prensa y Sociedad– hay muchas historias de revelaciones que, en su momento y en su ámbito, sacudieron al poder. Pero solo unas pocas logran los premios mundiales que las vuelven ejemplos a seguir por quienes quieren desnudar a la corrupción para ayudar a construir un mundo mejor. 
El domingo en la mañana tuve la suerte de moderar la mesa de este evento en la que se presentaron tres investigaciones distinguidas con uno de esos premios célebres. Wallmart en México. Una investigación de la mexicana Alejandra Xanic von Bertrab y David Barstow, de The New York Times, consiguió el Pulitzer 2013 gracias a un minucioso trabajo de 19 meses que, usando los mecanismos de acceso a información pública, demostró que el rápido ingreso de esta corporación a México fue posible por el pago de inmensos sobornos a autoridades. 
La Corte Suprema de Brasil. Rubens Valente, de Folha de Sao Paulo, recibió el premio 2013 de periodismo de profundidad de la SIP con un trabajo de cinco meses que demostró que la Corte Suprema de Brasil tiene un complejo sistema para impedir que los políticos acusados de corrupción sean sentenciados. De 266 casos, solo uno ha sido condenado pero aún no está en la cárcel. 
La impunidad goza de buena salud. Fútbol en Brasil. Sergio Rangel, también de Folha de Sao Paulo, ganó el premio Esso –el más importante de Brasil– al revelar que el hoy ex presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Ricardo Teixeira, era un corrupto de marca mayor, y que usaba este deporte para volverse multimillonario. Como consecuencia de esta investigación periodística, Teixeira debió renunciar al cargo que ejerció durante 23 años luego de que lo pusiera ahí su suegro, el también corrupto ex presidente de la FIFA Joao Havelange. Sin embargo, Teixeira no está preso. 
Son tres historias fascinantes que reflejan el papel del periodismo de investigación para limpiar la sociedad de tanta corrupción, pero que también revela sus limitaciones pues, al final, el engranaje de la impunidad –el título de la investigación de Valente– sigue invicto en su capacidad de asegurar que los corruptos sigan gobernando nuestro destino. 
Finalmente, mientras se desarrollaba el debate en la mañana del domingo pensaba en qué puede estar pasando en la Federación Peruana de Fútbol, en nuestra Corte Suprema, y en tantos municipios y gobiernos regionales cuando se relacionan con las empresas. Me temo lo peor.

martes, 15 de octubre de 2013

Justicia vial. ¿Existe?

Por: Federico Battifora 

Los peatones, ciclistas y motociclistas, por su condición de “vulnerabilidad” o mayor exposición al riesgo o peligro potencial, en su condición de actores, incluyendo a los usuarios de los servicios de transporte público masivo son las principales víctimas de lo que sucede cotidianamente en la vía de todos, principalmente en nuestra capital, aunque ya es un problema muy serio a nivel nacional. 
Estos grupos sociales deberían ser los primeros en promover y respaldar cualquier iniciativa que emane de la autoridad, para mejorar su performance y, valga la redundancia, justamente como autoridad tan venida a menos y en este caso específico, a través del control, fiscalización y sanción a los otros actores de la vía de todos que no cumplan con las normas de prevención en seguridad vial, porque son los “choferes de vehículos automotores de tres ruedas o más” los responsables de la severidad expresada en las pistas. Son entonces estos choferes los responsables directos de apretar en exceso el acelerador del vehículo o mantenerlo a una velocidad insegura. 
Mientras esta conducta incorrecta de manejo persista, se deberá ser inflexible en sancionarlos severamente, tal como ellos hacen, día a día, con su inconducta en la conducción generando tristes eventos viales, en detrimento de la vida y salud de los “otros actores en la vía de todos”. 
Acceder a una conducta coherente y correcta, madura y respetuosa en la vía pública de parte de los choferes de vehículos automotores, es tarea difícil. Pero lo cierto es que tenemos, por “angas o por mangas”, que reducir drásticamente los incidentes de tránsito fatales en nuestra patria, es una asignatura pendiente desde tiempo atrás y que los políticos de turno de ayer y hoy, llevaron y llevan una simbólica espada de “Damocles” sobre sus conciencias. 
Solo se podrá obtener esta drástica reducción en la medida que incorporemos también la “Justicia vial” a través de una adecuada, eficiente, eficaz, equitativa y moderna fiscalización, con su correspondiente régimen de sanciones (MULTAS) ejemplares, sobre todo a los incorregibles. 
Entonces, aceptando como principal objetivo inmediato, en este estado de “emergencia” lo que debemos obtener es la reducción drástica de la velocidad, el exceso de velocidad es la causa principal de la severidad en los incidentes de tránsito. Las leyes de la física no las podemos cambiar, a mayor velocidad la fuerza de impacto es determinante, aun con todos los accesorios de protección que la industria automotriz incorpora en los vehículos automotores cada año.

martes, 8 de octubre de 2013

Risas en el parque

Por: Eduardo González Viaña 
Sentado sobre una banca de un parque de Salem estaba intentando leer un poco cuando desde la puerta de una casa cercana vino hasta mí una incontenible explosión de risas femeninas. Pensé en alejarme de inmediato para no invadir la privacidad de quienes la causaban, pero mi curiosidad pudo más, y continué escuchando durante tal vez quince minutos una risa que solamente era interrumpida por breves comentarios en castellano. 
Se trataba como después comprobé de dos damas mexicanas, madre e hija; ésta última acaso tenía 20 años, la madre le doblaba la edad. ¿De qué se reían? Era difícil saberlo porque sus frases entrecortadas no me permitían adivinar lo que les producía tanta hilaridad. Muy pronto, mi curiosidad tuvo su castigo porque la risa de las dos mujeres se me fue acercando y acercando hasta comenzar a contagiarme como una cosquilla inaguantable que no pude resistir, y arranqué a reír también. 
Pasaron 10, 15 minutos, acaso media hora, y yo que lloraba de risa me había tirado desde la banca a la grama y me revolcaba en ella sin dejar de reír. Quería pensar en sucesos tristes, pero no me venía ninguno al recuerdo y cuando por fin pude evocarlos me causaban más risa. Intenté taparme los oídos, pero las malvadas mujeres ensayaban risas cada vez más agudas o usaban unas voces que me causaban más risa. 
Tal vez luego de una hora, callaron. Se hizo silencio en el parque, pero acaso por inercia yo seguía riendo. Los pájaros, las hojas, los dibujos que trazaban en el aire, mi propia sombra, todo me causaba risa. Entonces, sólo entonces, se me ocurrió lo que debía de haber hecho desde el principio: me puse de pie y, con lágrimas en los ojos, avancé hacia ellas para preguntarles de qué nos estábamos riendo tanto. No sé cómo lo logré. 
La verdad es que hasta ahora me asombro de toda la fuerza que tuve para levantarme y caminar hasta el patio de la casa donde Carmen Silva y Patricia León reían hasta más no poder. No logro recordar, pero imagino la cara que ponen cuando un hombre con lágrimas y risa incontenibles se acerca a preguntarles; “¿Por favor, díganme de qué nos estamos riendo?” -Nos estamos riendo- me explica Carmen- por el hecho de que Patricita se ha quedado sin trabajo. 
Obviamente, no puedo, no consigo entender. -El jefe descubrió que sus papeles del Seguro Social son “chuecos”, están falsificados, y hace un par de horas la ha mandado de regreso a la casa. 
En vista de que no entiendo todavía, Patricia aclara: -Mi madre y yo somos ilegales. Ella no puede trabajar porque padece de un problema de salud, y a mí me acaban de echar del trabajo. 
Además, el dueño de los departamentos nos ha llamado para decirnos que tenemos una semana de plazo para pagar o irnos. Le entendí menos aun, pero tuve que fingir que me parecía muy graciosa cada una de sus desdichas. 
Entonces, Carmen me aclaró las cosas: -Nos reímos- me dijo- porque el llorar sin reír hace mal.- Y me contó que frente a todo lo que les estaba ocurriendo como inmigrantes ilegales en Estados Unidos –estaban solas, sin dinero y sin trabajo- optaban por reírse para sentirse bien. -Nos reímos de todo lo malo, y nos reímos hasta llorar. 
Patricia a veces quiere regresarse a Guadalajara, pero yo le digo que si hemos llegado hasta aquí debe ser por algo, y se lo digo riendo porque como le acabo de decir el llorar sin reír hace mucho mal.

jueves, 3 de octubre de 2013

¿Qué explica el pesimismo ciudadano respecto a la lucha contra la corrupción?

Las cifras de la Encuesta Nacional sobre Percepciones de la Corrupción en el Perú de Proética, en su VIII edición, reflejan un deterioro de la confianza ciudadana en las instituciones llamadas a enfrentar en primer orden el fenómeno; una apatía en relación a la denuncia como instrumento eficaz en esta lucha, cuando no, desconocimiento sobre dónde presentarla; así como una creciente tolerancia ciudadana con la corrupción cotidiana que la rodea; y una acrítica mirada empresarial sobre su incumbencia en el fenómeno. 
El post titulado ¿Qué explica el pesimismo ciudadano respecto a la lucha contra la corrupción?, escrito por Eduardo Luna Cervantes, jefe del Programa de Ética Pública y Prevención de la Corrupción, señala que para revertir este pesimismo no pasa por medidas grandilocuentes que ganen titulares un día. Los esfuerzos serios por menguar la corrupción en el país dependerán de procesos largos de reingeniería organizacional; del aprovechamiento de la información para diagnósticos situacionales; del fortalecimiento de procesos internos para acotar la discrecionalidad irracional del funcionario e introducir mecanismos de accountability o rendición de cuentas; de compromisos políticos para la dación de marcos normativos adecuados para la prevención y la sanción de la corrupción; de planes de acción con indicadores objetivos para medir progresos y rémoras, entre otros. Para mayor información visite el Blog "Defiende tus derechos".http://puma.defensoria.gob.pe/blog/?p=4131