viernes, 27 de diciembre de 2013

"En Internet se ve más a quien escribe mal"

Por: Miguel Ugaz
¡"Vas hacer papá"!
El mensaje de una buena amiga llegó hace unos días por Facebook. Por supuesto, casi se me cae el ojo ante el tremendo (pero cada vez más común) horror ortográfico.
Cada vez que usted vea en una red social, en un SMS o en un mensaje de WhatsApp un error de esta naturaleza, le recomiendo que piense en Mario Tascón.
Español de nacimiento, Mario, una especie de Quijote del lenguaje, es director de la consultora Prodigioso Volcán y maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside Gabriel García Márquez (pueden revisar su extensa experiencia aquí).
Para efectos de este post, lo que nos llamó la atención fue su papel como coordinador y director del manual "Escribir en Internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales", de la Fundación del Español Urgente, Fundéu BBVA.
Y es que, frente a la democratización del contenido, escribir bien no es solamente una tarea personal. Cuando se representa a una marca, escribir bien es una obligación mayor. Mario visitó la Universidad del Pacífico hace unas semanas, como parte del ciclo "Humanidades Digitales", que organizan periódicamente el Departamento de Humanidades de la UP y la Fundación BBVA Continental --bajo el mismo esquema, en abril entrevistamos a Txema Valenzuela--.
La pregunta, entonces, cae de madura: ¿qué se necesita para escribir bien en Internet? No hay secretos. La respuesta es básica y única, y para ella Mario cita al mismo García Márquez. Por supuesto, parte de entrar en Internet, ya sea como persona natural o en nombre de una marca, implica aceptar las propias reglas del canal, que incluyen un lenguaje críptico, recortado y lleno de abreviaturas. 
Hace un tiempo, un reconocido consultor me decía que hoy en día el mejor lugar para ocultar un cadáver es la segunda página de Google (donde nadie te iba a encontrar). Pues bien, una de las más grandes obsesiones para todos quienes trabajamos en comunicación corporativa está relacionada a la famosa indexación.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Dictadura partidaria y voto preferencial

Por: Sigifredo Orbegozo
Como en el unicameralismo y el bicameralismo hay opiniones que solo reflejan desconocimiento del problema, ideas elaboradas sobre apariencias sin mayor fundamento, así también en el tema del voto preferencial ocurre lo mismo.
Para tener una idea más o menos clara del problema, habría que preguntarse: ¿por qué surgió el voto preferencial? ¿Cuál fue la causa? La historia solo se remonta a las elecciones de la Constituyente de 1978. Las corrientes supérstites del Gobierno Revolucionario de Velasco, en su afán de que la expresión de la Asamblea fuera la más democrática, repararon en un vicio que criticaron en favor de la revolución. Este era el que los líderes de los partidos políticos, prácticamente hacían y deshacían al margen de la voluntad de las masas partidarias. Pactaban – no solo dialogaban – con el gobierno y otros partidos y grupos económicos, aun contra la opinión de sus partidarios.
Concretamente, para la nominación de candidatos a parlamentarios en algunos partidos se realizaban “comicios internos”, lo que obviamente significaba que los militantes elegían a quienes deberían ser sus candidatos. Sin embargo, ¿qué ocurría? En partidos de organización vertical como el APRA, los comicios internos no pasaban de ser una pantomima, pues el gran el elector, el que decidía quién iba y quién no, era el Jefe: Sr. Haya de la Torre. Su voluntad no admitía discusión, era inapelable. A los “desembarcados” no les quedaba más que la resignación. Allí surgieron no pocos desencantos y rebeldías. Lo sabemos muy bien quienes vivimos esas épocas. Muerto el maestro, el discípulo más aprovechado, Alan García, fue la lección que mejor aprendió y aplicó. En La Libertad se recuerda muchas anécdotas ilustrativas de “compañeros” que fueron vapuleados en las bases y luego aparecían encabezando la lista.
Pues bien, entonces para evitar esta dictadura de los jefes o de las cúpulas partidarias, se trató de devolver a las masas militantes la potestad de elegir a sus candidatos preferidos se estableció el voto preferencial. Que esta solución haya traído algunos problemas como la de generar una competencia intrapartidaria o que los que tuvieran más dinero pudieran hacerse una mejor propaganda en desmedro de los más capaces y honestos, es cierto, pero de allí a pretender que todos los males de este deplorable congreso que tenemos se deba al voto preferencial de modo que si lo eliminamos tendríamos un congreso ejemplar, bueno es otra fantasía que no admite el menor análisis.
Entonces ¿qué hacer? ¿Volver a la dictadura de las cúpulas partidarias usurpadoras de la voluntad de sus militantes? Nos parece que sería retroceder. Además eso no resuelve el “transfuguismo” como creen algunos. (En otra oportunidad veremos este fenómeno) Volviendo al punto, consideramos que si se elimina el voto preferencial cuyo objetivo ha sido señalado, la intervención de la ONPE como fiscalizadora de la autenticidad de los comicios internos garantizaría la limpieza de ellos y evitaría arbitrarias intervenciones de las cúpulas partidarias. Cúpulas que algunas se aferran a los cargos dirigenciales cerrando el paso a nuevas generaciones.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Agradeciendo

Por: Roberto Lerner

La palabra “gracias” tiene que ver con el reconocimiento de haber sido objeto de un favor y el agradecimiento tiene una dimensión de acción que va más allá de la palabra. Esa acción de gracias que los habitantes de los Estados Unidos y Canadá celebran ecuménicamente una vez al año, independientemente de si está basada en algún hecho histórico, tiene que ver con lo que la tierra nos ha dado, lo que cosechamos de ella. 
El resultado de suerte, diligencia, esfuerzo, favor divino. Resulta que agradecer activamente, por ejemplo en familia, es un ingrediente no desdeñable en el bienestar de sus integrantes. 
El asunto va más allá de la cortesía o los buenos modales –pedir por favor o reconocer la amabilidad de quien nos lo hace– porque no se refiere a un hecho concreto. En realidad es una celebración de la oportunidad de vivir lo que vivimos, de apreciar la belleza con la que nos encontramos, experimentar los placeres que nos motivan, obtener resultados en lo cotidiano. 
Y, sobre todo, hacerlo de manera consciente, no con fórmulas fijas, con relatos y en grupo, varias generaciones juntas, como una renovación de la fuerza que las une y el pacto de trascendencia que da sentido a las familias y las comunidades. En el fondo, se trata de un juego solemne en el que los que agradecen están cooperando, se interesan por lo que sienten los demás, escuchan, cuentan, y, a través de la gratitud, generan un mensaje de moralidad compartida que puede ser una actividad intensa y también placentera. Tanto o más que las numerosas ofertas de diversión que nos propone la vida moderna.