martes, 28 de enero de 2014

La Haya y los neutrales

Durante la guerra del 79, el alcalde de un distrito rehusó ofrecer al prefecto de Cajamarca un contingente de jóvenes aduciendo que "nosotros, los de San Pablo, somos neutrales". Fue solamente una salida de esa autoridad con la que los sampablinos no coincidían. 
Prueba de ello es que derrotaron al invasor en una de las más heroicas batallas de la guerra. Sin embargo, el apelativo de neutrales ha continuado aplicándose-a manera de burla-contra quienes escapan por cobardía o interés de sus deberes con la patria. 
La verdad es que, tanto en esa época como ahora, los neutrales existen. Su modus operandi suele ser diferente. No se proclaman neutrales, pero lo son en realidad. Aprovechan el clima de confrontación que ellos mismos provocan para lograr utilidades económicas o políticas. A veces resulta difícil distinguirlos porque son los más chauvinistas, los más alarmistas, en suma, los tremendistas, los que piden que embanderemos nuestras casas antes de que el invasor llegue con sus tanques hasta las puertas de Lima. Pertenecen a ese club los dueños de los periódicos que durante estos últimos años nos han estado incitando a comprar armas y a movilizar nuestras tropas. Ellos no mandarían a sus hijos a ser despedazados por una granada, pero sus primeras planas dicen que hay que ponerse el uniforme ...porque el pánico vende. 
Forman parte del contingente de neutrales los líderes políticos que han hecho de la nuestra una República manchada por corrupción y sangre. Cualquiera de ellos, en las condiciones de un juicio honesto, estaría a un paso de la cárcel pero en el clima del pánico, se toman serias fotografías y están seguros de que sus crímenes serán olvidados en aras de "los altos intereses de la patria". 
En el mismo grupo de neutrales se encuentran los que proclaman su nacionalismo a grito pelado, pero están prontos a vender propiedades estratégicas de la nación como el petróleo. El pánico moral es una condición generalmente creada por autores interesados en conducir al pueblo hacia una mentalidad del desastre. 
Tanto en los gobiernos dictatoriales como en aquellos que van sin rumbo fijo, esa mentalidad del desastre se expresa en el endurecimiento de los aparatos de control social del estado y en un clima de sospecha en el que todos debemos probar que no somos terroristas ni antipatriotas. 
Un clima como ese pone la vida del país en suspenso. Durante todo el tiempo en que dura, existe la posibilidad de vivir sin Constitución. Tal es el caso actual en que el acta del dictador terrorista perdura sin fin, y sigue sustituyendo a la primera ley del Estado.
Durante la dictadura de Fujimori, la sensación continua de que la guerra con Ecuador estaba próxima permitió las compras secretas de armas con millonarios sobreprecios. ¿Eran realmente patriotas o, más bien, neutrales los generales compradores?
En nuestro tiempo, el pánico colectivo estimula a la administración peruana a condenar el conflicto social y criminalizar la protesta. Es coincidente con esto, la reciente dación de una ley que exonera de culpa a policías y militares antes incluso de que den el disparo, y que sacará de la reclusión a quienes ya lo hicieron.
Dado el fallo de la Corte de La Haya, no habrá justificación para mantener en suspenso la vida de la República. El respeto por los tribunales internacionales es un triunfo de la civilización y una prueba de que la racionalidad y la paz son siempre posibles.
Esa sentencia mostrará al mundo que las guerras no son inevitables y las naciones pueden superar tristes recuerdos así como señalar y barrer a quienes se aprovechan de ellos.
Como lo dijimos anteriormente, se le quitará material a los chauvinistas, soporte a las dictaduras, dólares a los corruptos y pretextos a los farsantes, todos ellos de verdad, neutrales.
Con este fallo, se quedarán sin fotos los periódicos sensacionalistas y tal vez substituirán la abultada anatomía de algunos políticos por los cuerpos cimbreantes de vedettes más atractivas. Las barrigas son generalmente neutrales.

0 comentarios: