miércoles, 19 de febrero de 2014

Las “muñecas bravas” y la inclusión social

Por: Luis Triveño
La lingüista norteamericana Julia Penelope utilizaba el siguiente ejemplo para ilustrar por qué la violencia contra la mujer es tan persistente y recibe tan poca atención en la sociedad: La historia se inicia con la siguiente pieza de información: Juan golpea a María. Si se utiliza la voz pasiva en lugar de la voz activa, María pasa a ser el centro de oración: María es golpeada por Juan o, simplemente, María es maltratada. Dicho de otra manera, María es una mujer maltratada. 
Según la lógica de Julia Penelope, si reducimos el episodio de violencia del ejemplo anterior a que "María es una mujer maltratada”, terminaremos formulando preguntas del tipo ¿por qué será maltratada María? ¿tendrá mal carácter? ¿será una “muñeca brava”? Al centrar la atención en la víctima, en opinión de Penelope, las sociedades pierden la enorme oportunidad de formular preguntas respecto del agresor y, con ello, de reducir de manera efectiva la violencia en el futuro. 
Según Jackson Katz, los "modelos mentales" que llevan a los ciudadanos a enfocarse más en las víctimas que en los agresores son más comunes de lo que pensamos en los grupos dominantes (con mayor poder) de la sociedad y abarcan temas más allá de la violencia de género como la orientación sexual, la raza y, hasta la inclusión social. Por ejemplo, estos "modelos mentales" reducen el tema de violencia de género a un tema de mujeres, la raza a un tema de algunas minorías, la orientación sexual a un tema de homosexuales y, extendiendo el ejemplo, la inclusión social a un tema de pobres extremos. 
Estos "modelos mentales”, desconectados de la realidad por asumir que solo algunas personas tienen género, raza u orientación sexual, son la excusa perfecta de los segmentos dominantes para no prestar atención al tema y para eludir la responsabilidad de solucionarlo. 
Según los resultados de un estudio de Proexpansión mostraba lo mucho que todavía le falta al Perú para ser un país con la igualdad de género existente en sociedades modernas. Por ello, plantea la discusión sobre el establecimiento de cuotas o metas explícitas para la participación de mujeres calificadas en el sector privado. En esta tarea el Estado y las empresas privadas tienen un gran rol que jugar. 
Además de tener como reto el elevar la participación de la mujer en la economía peruana, también tenía que superar la alta incidencia que todavía existe de violencia contra la mujer. Para esto no hacen falta cuotas o metas explícitas, para esto solo hace falta liderazgo y colaboración. Liderazgo para enfrentar abiertamente a los agresores y colaboración para estar siempre cerca de las víctimas potenciales para ofrecerles apoyo. Hasta que no seamos capaces de hacer las preguntas correctas respecto de la violencia contra la mujer, del racismo, de la discriminación sexual y de la verdadera inclusión social, Perú seguirá siendo un país con una mayoría de excluidos.

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