martes, 18 de marzo de 2014

Júntala Nomás

Por: Jorge Bruce
El resultado de la presentación del gabinete Cornejo en el congreso refleja uno de los rasgos negativos de la idiosincrasia peruana. El Premier solicitó la confianza del congreso y los representantes se abstuvieron. Lo que suele hacerse cuando hay conflicto de intereses. 
Parece que en este caso los había, en efecto, porque si votaban dos veces en contra el Presidente podría disolver el parlamento. Fue así que nos encontramos en ese clásico nacional que se grafica en la pregunta: “¿Cierro la puerta al salir o la dejo abierta?” Y los precavidos congresistas respondieron: “Júntala nomás”. Ni fu ni fa. Ni chicha ni limonada. 
No te digo que sí, pero tampoco que no. Tú verás. Hablamos. Esto dio lugar a otra jugada “maestra”, en la que siete congresistas nacionalistas votaron en contra, a fin de anular el efecto de las abstenciones. 
Con lo cual el presidente del Congreso quedó más perdido que pulpo en garaje y no admitió la votación, suspendiendo la sesión. No cabe hablar de desprestigio porque, desafortunadamente, no queda prestigio alguno en ambas instituciones. 
Digo desafortunadamente porque vaya que necesitamos un Congreso respetable y un Gabinete eficiente, confiable, atento a las demandas de los peruanos. Horas después, el presidente Humala, extrañamente ataviado con jeans y camisa remangada, mientras su gabinete lo escoltaba elegantemente vestido, pidió una segunda votación. 
No le faltaba razón, pues ese resultado nos deja con un Consejo de ministros aún más fantasmal que antes de presentarse a pedir un reconocimiento a su mellada autoestima. Pero lo que sí le faltó fueron razones para entender lo que había sucedido. 
Aunque el congreso no se atrevió a rechazar tajantemente (y no “tangencialmente” como dijo, en un divertido lapsus, la ministra Ana Jara en unas declaraciones referidas a la salida del Premier Villanueva) al equipo de Nad, perdón, Cast, perdón, Cornejo (los psicoanalistas también tenemos lapsus), el desaire lo deja muy mal parado. 
El problema es que el Presidente no parece darse cuenta de que la opinión pública interpreta la progresiva opacidad de los primeros ministros y sus equipos ministeriales, como una señal peligrosa para la gobernabilidad. Si bien casi nadie quiere desequilibrar la economía del Perú, tampoco se espera que continuemos en esta abulia política, en donde solo interesa el flujo de capitales. 
Ese es el defecto esencial de este gabinete: representa una terca apuesta por el abandono de las obligaciones gubernamentales. Eso no se va a resolver con votaciones, sino con decisiones políticas claras y potentes. Mientras tanto, la alcaldesa Villarán acaba de dar una muestra ejemplar de lo que significa asumir el mandato que le hemos confiado. 
Recuperar La Parada es lo contrario de juntar la puerta: es cerrarla con firmeza al abuso de las mafias y abrirla a los habitantes de Lima. Como Alberto Andrade, acaso no será reelegida, pero será recordada por este acto valiente e indispensable. Era su obligación hacerlo, pero nuestros políticos son maestros en el arte de esquivarlo.

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