miércoles, 26 de marzo de 2014

Las 10 cosas que más amo de Lima (y los limeños)

Por: Oscar Sumar
Ayer fui a ver un gran espectáculo en Lima, el monólogo del comediante Luis Melgar, en el Jazz Zone. Este artículo está basado en algunas partes del monólogo, con algunos agregados personales. En el fondo, creo que varios de los problemas de Lima (y los limeños) se podrían arreglar cambiando una cosa: ser considerados con los demás.
10. Dicen cosas bonitas. El limeño promedio es un piropeador. Cree que decirle “que rico c…” a una mujer que no conoce, en la calle, es halagador. Algunos dicen “pero a mi no me molestaría que una mujer me dijera piropos”. Creo que la equivalencia justa sería pensar si te gustaría que te piropearan en la cárcel –así es, tras las rejas. Si un hombre más grande que tú te piropeara, quizá podrías experimentar lo que siente una mujer piropeada. Una mención especial merecen los amigos huachimanes y obreros de construcción civil.
9. Tienen miradas intensas. No es exclusivo de Lima, sino de otras provincias de Perú. La gente acá cree que está bien mirar fijamente a un desconocido, como si fuese una atracción turística. No lo está.
8. Comparten sus cosas. ¿Por qué esta mal tirar basura en la calle? No necesita explicación. También vale para orinar en la calle o depositar cualquier otro fluido. Lima no es su basurero o retrete, créanlo o no.
7. Se inventan trabajos. Desde “dateros” hasta notarios, hay una gran cantidad de trabajos inventados. Las personas que recogen las bandejas en los restaurantes de comida rápida o comedores o los que entregan tickets en estacionamientos supuestamente automatizados.
6. Son comprensivos. No se quejan de cosas que deberían indignarlos. El limeño promedio anda pensando en sus propias cosas, poco o nada le interesan las cosas que afectan a todo el país o su ciudad. En lugar de eso, está a la búsqueda de alguien diciendo algo políticamente incorrecto, para poder criticarlo hasta morir y sentir su superioridad moral.
5. Les gusta estar comunicados. Prender tu celular en el cine es igual a prender tu sable Jedi. Ahora ya lo sabes.
4. Les gusta el “contacto”. Es gente cariñosa. Pero frotarse con desconocidos en las colas o en el bus, no es apropiado, es molesto. Guarden su distancia. También en aviones, no es apropiado poner tu codo sobre los dos “brazos” del asiento.
3. Valoran su tiempo. Siempre andan apurados. Cualquiera diría que los limeños descubren la cura del SIDA cada vez que salen de sus casas y necesitan llegar compulsivamente a algún lugar a informarlo. De otra manera, no se explicaría tantos cambios de carril cuando están manejando, no dejar pasar a nadie, empujar, etc. ¿En serio su tiempo es tan importante? Dejar pasar a una persona, aun cuando el semáforo para peatón está en verde, es casi una ofensa para el limeño promedio.
2. Son ingeniosos y astutos. Siempre quieren “sacarle la vuelta” a las normas. Desde las señales de tránsito hasta cualquier trámite. El limeño siempre verá oportunidad de colarse, de saltarse el trámite, de obtener una exoneración. Pero luego, si lo mismo es hecho por un congresista, entonces quieren crucificarlo.
1. Nos motivan a avanzar. Tocan el claxon compulsivamente. Es imposible desintegrar la materia, mediante las bocinas. La mayoría lo hace por “venganza” cuando alguien les ha metido el carro o no avanza, ¿pero se han dado cuenta que afectan a todas las personas alrededor? Si alguien les tirara un golpe, ¿ustedes le pegarían a él y todas las personas a su alrededor como venganza? Avanza carajo
Y tú, ¿eres un limeño zombie?

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