miércoles, 12 de marzo de 2014

Por fuera flores…

Por: Guido Lombardi 
Si un desprevenido observador analizara las cifras del desarrollo peruano de la última década se encontraría con cosas como las siguientes: el PBI pasó de 60 mil a 220 mil millones de dólares, la mortalidad infantil cayó de 28 a 14 por cada 100 mil nacidos vivos, la desnutrición infantil crónica pasó de 23% hace 10 años a 9% en la actualidad y la pobreza extrema de 19% a 5%. Y podríamos seguir con cifras igualmente alentadoras: la inversión total llegó durante el 2013 a la cifra record de 57 mil millones de dólares, equivalentes al 28% del PBI, y el ingreso nominal per cápita se aproxima a los 7 mil dólares al año. Si, intrigado, el observador preguntara cuál es la fórmula para esos logros, habría que responderle en primer lugar que se trata de una combinación de factores, siendo el más importante la continuidad y consistencia de las políticas económicas seguidas por los tres últimos gobiernos. Pero nuestro hipotético observador quedaría completamente desconcertado al enterarse que la aprobación a nuestro presidente ha caído 15 puntos en el último mes y que la intención de voto para los dos anteriores no supera el 10%. Explicarle el porqué de esa situación sería mucho más complicado y creo que sería un esfuerzo condenado al fracaso. ¿Cómo explicar nuestras carencias institucionales y nuestra incapacidad para enfrentarlas? Contarle que la última crisis ministerial se produjo por una intervención directa de alguien que no tiene cargo oficial en el gobierno, que el recién estrenado gabinete ya tiene una ministra cuestionada, que una congresista del oficialismo utiliza su cargo para lograr beneficios personales y que lo mismo hace (desde antes de asumir el cargo) un congresista de la oposición puede resultar ilustrativo pero insuficiente. ¿Seremos capaces de asumir las reformas políticas indispensables para darle sostenibilidad al desarrollo? Nuestro alicaído Congreso tiene la respuesta.

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