martes, 8 de abril de 2014

Familia muy normal

Por: Jorge Bruce
La Conferencia Episcopal de los Obispos arremete contra la unión civil, alegando que “contraría el orden natural, distorsiona la verdadera identidad de la familia, contradice la finalidad del matrimonio”. Esto del “orden natural” es uno de los inventos más recurrentes de las ideologías autoritarias, históricamente. Los aristócratas poseían más derechos que los burgueses, estos que la clase trabajadora, quienes tenían más que los esclavos, los hombres que las mujeres, los adultos que los niños, los curas que los laicos, los políticos que los ciudadanos de a pie y así sucesivamente.
Lo cierto es que de natural, nada. Todas estas distinciones son culturales. Tan artificiales como una bolsa de plástico. Por eso, porque son creaciones humanas, la evolución de las sociedades exige remodelarlas continuamente. Hoy la aristocracia existe solo en las revistas frívolas, los derechos humanos están consagrados universalmente, la esclavitud ha sido abolida en todo el mundo (aunque se la practique bajo otras modalidades), las mujeres votan y trabajan, asumen su libertad sexual (cada vez más se ven, por ejemplo, parejas en donde las mujeres tienen más edad que los hombres), los niños exigen a sus padres que los respeten, etcétera.
El matrimonio no es la excepción. Los cambios de paradigmas arriba citados no han dejado incólume a esta vieja institución, diseñada para organizar el funcionamiento social, en particular en lo que atañe a la reproducción de la especie. Pero hoy disponemos de anticonceptivos, bancos de esperma, congelamiento de óvulos y fecundación in vitro. En consecuencia, el antiguo modelo de la familia de “Papá lo sabe todo” ha caducado, por lo menos en lo que respecta a su hegemonía. Hoy debe coexistir con otros formatos de vinculación.
Uno de estos es la unión gay. Sin embargo, el pánico que desata en algunas personas esta eventualidad hace ver que se trata de un punto sensible en una sociedad conservadora como la peruana. La fantasía parece ser que si se reconoce ese derecho, todo el sistema de creencias propalado por la iglesia Católica se va a desmoronar. Tranquilos. La unión civil viene sucediendo en buena parte del planeta, sin terremotos ni tsunamis morales. Conozco adolescentes criados por padres del mismo sexo y los veo sanos y felices.
Seguro tendrán problemas en algún momento, como cualquier chico o chica. Pero hasta ahora, todo bien. Lo que hace una familia no es un imaginario orden natural, sino los vínculos de amor. Si no me creen, les voy a citar a Dios: “NO al matrimonio gay. Sí a las familias NORMALES como la mía: madre virgen, padre paloma e hijo y padre la misma persona.” Bueno, se trata de un tuitero que, modestamente, se hace llamar Dios. Su imagen es la de un hombre con barba, bigotes, cabello largo, túnica y halo.
La resistencia enconada de los sectores más apegados a la tradición excluyente y discriminadora solo hará retrasar el cambio ineluctable. Por si los más jóvenes no lo recuerdan, la familia muy normal a la que alude el título de esta nota es la de los locos Adams.

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