miércoles, 21 de mayo de 2014

Huérfanos de liderazgo moral

Por: Marcela García Guerrero
Directora
Nuestro país aún requiere de líderes, todavía no tenemos la mayoría de edad necesaria para prescindir de ellos, aún nos portamos y tenemos mentalidad de adolescentes, por tanto como ellos, necesitamos que nos den la pauta, que nos señalen el camino, que no nos dejen solos tomar decisiones, porque eso, en cuestión política aún no lo sabemos hacer. 
Lo comentábamos hace poco con amigos y es bueno compartir esta conversación con todos ustedes, hay por ejemplo un líder moral de primera, es cocinero y ojalá lo siga siendo, porque nuestra carencia es moral, es ética y principista. Otro puede ser Vargas llosa, quien a pesar de sus contradicciones, sí ejerce cierto poder, lo demostró hace pocos meses, cuando el Congreso en una actitud madura (cosa rara) diría yo, rechazó al gabinete del Premier Cornejo, el Premio Nobel “ habló “ y en la siguiente reunión Cornejo, pasó el examen, claro aquí estaba de por medio la gobernabilidad, no se podía estar por más tiempo sin gabinete, es decir el país paralizado, pero reconozcamos que el parlamento se portó dignamente. 
Volviendo al tema que nos ocupa en esta reflexión, “el liderazgo moral”, no tenemos figuras representativas del mismo. ¿Quién en estos momentos sale a decir a los “políticos” que se rasgan las vestiduras por ser candidatos, que lo que les falta es doctrina e ideología? 
No se puede estar deshojando margaritas diciendo, ¿con qué partido me voy; con éste o aquel, este o aquel?. Qué falta de seriedad, esos candidatos, necesitan un psicoanálisis, para descubrirse y descubrir cuál es su inclinación u opción partidaria. 
Y, cuidado esto se está convirtiendo en un hábito, una cosa son las alianzas de partidos consolidados y fuertes, otro el unirse al que más me conviene solo por ocupar el puesto que “quiero”. ¿Qué figura de prestigio moral está saliendo a demostrar que éstas personas serían pésimos gobernantes?. 
Debemos reconocer que nuestro país ha cambiado tanto y tan rápidamente, que en este nuevo Perú, las bandas organizadas cometen tropelías a diario, a vista y paciencia de todos, lo que se está volviendo una costumbre, y ¿quién le pone el cascabel al gato?. 
Las autoridades que se supone deben ser un referente ético y moral, actualmente son un referente de corrupción, vandalismo y delincuencia, los gobiernos regionales dijeron esta es la mía, y por los medios de comunicación vemos con horror que han constituido verdaderos carteles o bandas organizadas en las que se encuentran de todo, desde gente de prensa, autoridades hasta sicarios, por suerte en algunos casos se ha podido reaccionar y en estos momentos algunos ya están siendo no solo investigados, también detenidos, pero ¿y los otros?. 
Tenemos otro Perú, qué duda cabe, nuevas castas tienen el poder económico, el poder político, y dentro de poco el social, lo que aún en este nuevo Perú no se manifiestan son los líderes Morales y Éticos, el líder que con su ejemplo, principio y actitud, nos demuestre que esta es una simple etapa de la historia producto de tantas décadas de impunidad e informalidad, pero que confiemos nuestra gente perdió el miedo; nuestra gente, está esperando el momento para poder decir los peruanos sí podemos revertir esta situación, los peruanos no hemos perdido el norte, los peruanos no nos dejamos comprar fácilmente, sabemos que con esfuerzo y dignidad podemos reconstruir ésta triste etapa histórica en la que prima la inmoralidad, codicia y mediocridad.

martes, 20 de mayo de 2014

Política, tabúes y derechos

Por: Nelson Manrique Gálvez 
La decisión del congresista Carlos Bruce de reconocerse gay ha tenido, y va a continuar teniendo, vastas repercusiones que van más allá del debate acerca del proyecto de ley sobre la unión civil entre personas del mismo sexo. Es de saludar el coraje personal de Carlos Bruce y el firme y sereno respaldo de sus hijos, al asumir una decisión que, en una sociedad como la nuestra, le va a ocasionar ataques personales bajos, como ya se está viendo en las redes sociales, donde se exhibe lo mejor y lo peor de nuestras subjetividades. 
Su gesto tiene implicaciones que van más allá de lo personal y permite asentar en un nuevo terreno el debate sobre temas fundamentales para la construcción de nuestra democracia. Abordaré el tema desde el terreno de nuestras representaciones mentales. 
La polarización que provoca la cuestión de los derechos de las minorías sexuales, así como el carácter pasional de las reacciones que suscita, va más allá de lo racional y es expresión de la existencia de elementos profundamente reprimidos en nuestro inconsciente, firmemente anclados en lo más primitivo de nuestro mundo interior, más allá –o más acá– de las determinaciones políticas y sociales. 
Temas como el sexo, la diversidad sexual y el racismo, cuando son tocados, movilizan, psicológicamente hablando, una profunda ansiedad e incomodidad, a nivel benévolo, y miedo, odio y agresión, a un nivel más primario. A nivel cultural estos temas fundan auténticos tabúes, que se manifiestan, entre otras cosas, en la autorrepresión personal y en la imposibilidad de nombrar aquello sobre lo que se extiende el tabú, a menos que se recurra a eufemismos, como decir “de color” o “moreno”, en lugar de negro, o aludir a los órganos sexuales usando circunloquios, porque es “impropio” mencionar las partes de la anatomía implicadas. En su célebre ensayo “El chiste y su relación con el inconsciente”, Sigmund Freud trató largamente sobre la forma cómo el humor –que es particularmente fértil en temas como la raza, el sexo y la homosexualidad– actúa como una válvula de seguridad para aliviar la presión de lo acumulado en el inconsciente, permitiéndonos tratar “en chiste” aquellos temas que están socialmente reprimidos. 
Esto es así porque esos contenidos tienen una particular fuerza perturbadora para nuestra subjetividad, como producto de la interiorización de valores que condenan a la oscuridad una parte importante de nuestro mundo interior. Y estos valores convierten nuestras subjetividades en un espacio de batalla, para legitimar determinados proyectos políticos, que en nuestro país hoy son profundamente autoritarios. Por eso es que no basta con la educación y el esclarecimiento ilustrado, porque lo que está implicado es una profunda transformación en materias que ni siquiera somos conscientes de que existen en nuestro mundo interior. 
De allí la enorme dificultad para conseguir cambios por la vía argumentativa. En estos casos, los cambios en la realidad pueden jugar un importante papel pedagógico, como se está constatando en las decenas de países donde ya se ha legalizado la unión civil y hasta el matrimonio homosexual sin que llueva fuego y azufre desde el cielo ni la vida civil se haya convertido en una orgía anunciadora del Armagedón. 
Durante el último periodo han empezado a producirse importantes cambios en las mentalidades en el Perú, y el tema de los derechos de las minorías y del respeto a la diversidad ha jugado un importante en que eso suceda. Esto es parte de un proceso de aprendizaje democrático que inevitablemente va a encontrar una enconada resistencia en reflejos autoritarios profundamente interiorizados. 
Hay, en unos casos, la resistencia a reconocer que existen derechos humanos que no están sujetos a mayorías y minorías y que, por tanto, no son materia de consulta o referéndum. En otros, se trata de una visión de la democracia que cree que la mayoría tiene el “derecho” de avasallar a las minorías. Es lo que está detrás de la demanda del cardenal Juan Luis Cipriani de someter el tema de la unión civil a una consulta. Ya Alexis de Tocqueville alertó, en el siglo XIX, en La democracia en América acerca de lo que denominó “la tiranía de la mayoría”, que en los EEUU que tanto admiraba desembocaba con una gran facilidad en linchamientos en nombre de la voluntad de la mayoría. Si la democracia va a defender los derechos del ciudadano es necesario que preserve, también, los derechos y la representación de las minorías. El debate está abierto y esto debe enriquecernos.

miércoles, 7 de mayo de 2014

La pobreza más allá del lado monetario

Por: Pedro Francke 
¿Gana usted 300 soles mensuales y vive solo? Pues entonces no es pobre según la medida oficial del INEI. ¿Cuenta con 900 soles mensuales para mantener a su pareja e hijo? Tampoco es pobre según el INEI. A cualquiera le parece que 300 soles mensuales es insuficiente para vivir, lo que muestra que la medida de pobreza que se está usando es bastante parcial. 
La línea de pobreza que hoy asciende a 292 soles ya era bastante baja cuando se estableció 15 años atrás y en este lapso las necesidades de las familias han aumentado: hay que gastar más en transporte para ir al trabajo, en un celular para poder mantener el micronegocio, en salud porque una tomografía cuesta paradójicamente un ojo de la cara. Está fuera de foco. 
Pero, además, mirar la pobreza solo desde el lado monetario es como tratar de diagnosticar a un paciente solo con un síntoma y sin ver el conjunto de su estado físico. La medida de pobreza monetaria no tiene en cuenta si el hogar tiene agua y desagüe, si sus miembros están sanos o hay alguna persona con discapacidad, si son analfabetos, si su salud mental está deteriorada, si tiene un mínimo de seguridad. 
La medida de pobreza extrema es aún más absurda: una persona deja de ser pobre extrema si, dedicando todos sus ingresos exclusivamente a comprar comida, puede lograr una canasta básica de alimentos. ¡Pero no considera ni el combustible para cocinar, ni el agua, ni mucho menos lo que cuesta la ropa, la vivienda, el transporte! 
¿De qué se vanagloria entonces Alan García y qué le discute Luis Miguel Castilla? ¿Cuánta más gente hoy gana 300 soles mensuales? ¿Logrando esos 300 soles es suficiente para considerar que una persona ya tiene una vida digna? Las medidas de pobreza monetaria son poco informativas y en vez de permitirnos entender mejor lo que está pasando, nos pueden llevar por senderos equivocados. 
Por eso el mundo hoy se inclina por medidas multidimensionales de la pobreza que vean más integralmente las libertades y capacidades humanas. Finalmente, hay dos perspectivas adicionales necesarias para analizar la evolución de la pobreza monetaria en el tiempo. 
La primera es si los avances registrados son sostenibles o si se han logrado gracias a que muchas familias han obtenido créditos que deben pagar y la economía en su conjunto ha pasado por años de muy buenos precios internacionales que pueden no mantenerse en el futuro. 
La segunda es que cuando se discute qué gobierno logró reducir más la pobreza, podemos estar comparando un 05 con un 08. Claro que el 08 es mayor que el 05. Pero ninguno de mis alumnos estaría muy satisfecho por eso. 
La pregunta de fondo es si en el Perú estamos satisfechos con cómo viven quienes están peor, si no podríamos establecer condiciones de mayor justicia hacia ellos y si nuestros gobiernos han hecho lo mejor posible a este respecto. Creo que todos sabemos la respuesta.