miércoles, 5 de octubre de 2016

MONOLOGO DE LA CASONA TRUJILLANA


Nosotras también tenemos alma, energía y sentimos el paso del tiempo como todos los que han morado en nuestras entrañas, como a todos los que hemos cobijado en nuestros muros. Fuimos construidas con gran amor y entusiasmo en una época en la que nuestro rol era servir tanto de cobijo a los moradores de nuestra ciudad, como también ser parte de su actividad comercial, social y amical, lo más atractivo de todo era el recibir a los viajantes, amigos y gente de buen vivir que llegaban a esta, aún pequeña ciudad en expansión. 

Las tertulias después de los almuerzos y por las tardes a la hora del te, eran un placer, las damas, como hasta ahora se estila, en uno de los salones y los caballeros, con puro y copa en mano, ocupaba otro espacio. Ellas comentaban lo último en moda y muebles que habían llegado de Europa, al puerto de Chicama, ( el puerto de Trujillo en esa época), era el momento de ponerse al día de los últimos acontecimientos del momento, como las hermosas sedas que compró Doña Catalina la esposa del comendador, o, la boda de la hija del corregidor, los vestidos un tanto indecorosos de la viuda de un notable, y los extranjeros guapos ellos, que habían llegado para estudios, o mejora de la ganadería en las haciendas, todas pensaban en las hijas casaderas. En fin, el típico cotilleo que tanto gusta, hasta ahora, a mujeres y hombres. En esa época eran tanto o más sabrosos, además de necesarios, ellas no estudiaban, se dedicaban a la casa, los bordados y a administrar la cantidad de empleados a su servicio, confieso que deben haber sido excelentes administradoras. Los hombres por su parte, con el señor cura incluido y por supuesto las autoridades , y los hacendados de siempre, entre sus temas predilectos estaban, las cosechas, la producción en las minas, los decretos dados por su alteza real, el levantamiento de esclavos en determinados lugares, las noticias llegadas en el último vapor y los asuntos indígenas entre otros temas.
 
Pasaron los años, otros vientos agitaron nuestra ciudad, se hablaba de las luchas libertarias, nosotras seguíamos cobijando a herederos de antiguos propietarios, otras, albergaban a otros dueños, que se habían enriquecido con el comercio, o, que había llegado del viejo continente. Sin tener ninguna posición, y sin consulta, nosotras seguíamos cobijando tanto a los realistas, como a los republicanos, eran tiempos difíciles pero interesante, nosotros seguíamos las discusiones políticas, nuestros muros aún guardan la energía de estas, o los secretos de las largas conversaciones previas a los momentos históricos tan próximos a un cambio que se avecina.
 
Y llegó lo que tenía que llegar, en 1820, el Marqués de Torre Tagle proclama la Independencia , Trujillo se convierte así en la primera ciudad del Perú Libre, de allí el nombre a nuestra región La Libertad. Fuimos mudos testigos durante años, tanto de las luchas internas como de grandes victorias y también traiciones. A finales del siglo diecinueve, vimos como nuestra ciudad fue arrasada por las tropas chilenas, nuestros muros que albergaron a libertarios, ahora albergaban también al invasor. Si nos escuchas detenidamente podemos contarte todos los acontecimientos y secretos de esta hermosa Villa.
 
Un siglo después, hasta finales del mismo, nuestras calles aún eran tranquila las costumbres habían cambiado, muchas de nosotras éramos acondicionadas a los nuevos estilos y gustos, pero seguíamos bellas, y nos sentíamos amadas, nuestros nuevos dueños, seguían cuidándonos con cariño y orgullo. Pero algo cambió, que fue producto de la modernidad, pues debe ser. Los gustos ya no eran europeos, más bien se sentía la influencia americana en los jóvenes dueños quienes decidieron abandonarnos, ya no teníamos el cuidado de antaño, había riña entre los hermanos, otros nos tildaban de vejestorios, enmohecidos y costosos, muchos decidieron deshacerse de nosotras a algunas les fue fatal, las destruyeron por completo, ahora son grandes cocheras, a otras abrieron sus puertas y dejaron que entren gente que no tenía ni idea de la historia que se encerraba en sus muros, el descuido, el abandono fue presa de nosotras. Pocas se han salvado, el trujillano no sabe que su historia, esta en nuestros muros, al igual que su valor arquitectónico. Cada día va desapareciendo una de nosotras. ¿Cuál será el futuro de la Hidalga ciudad de Trujillo?. ¿Cuál será el futuro de nosotras?. Trujillo tiene la respuesta. 


Trujillo, 27 de octubre de 2016 
MARCELA GARCIA GUERRERO

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